El laberinto
Ha habido cientos de historias, fábulas y relatos —como el relato del minotauro— sobre laberintos a través de los siglos. Pero los primeros indicios de este complicado laberinto circular se encontraron en los palacios minoicos, acompañando habitualmente a diosas femeninas. Se dice que la palabra «laberinto» procede de la antigua palabra pregriega «labrys», que significa «hacha de doble filo». Esto se consideraba un símbolo de poder real durante aquellos tiempos.
La historia también muestra que los laberintos se utilizaban para atrapar espíritus malos o malignos o como un camino utilizado en rituales o danzas. También se utilizaba como un símbolo del largo y difícil camino que uno debe recorrer para comulgar con Dios (desde la única entrada que significa el nacimiento y el centro que significa Dios).
En los tiempos modernos, muchas personas todavía utilizan laberintos en la meditación. Caminan alrededor de los círculos para lograr un estado contemplativo como parte de su camino hacia la iluminación. El laberinto también se percibe como un signo de totalidad, alcanzado a través del viaje circular y serpenteante a su alrededor. Algunas personas lo ven como el viaje que uno debe emprender dentro de sí mismo para descubrir su propio centro o el profundo conocimiento codificado en su interior y en su ADN. Este laberinto circular también revela patrones de geometría sagrada, lo que permite que el mundo físico se interconecte con el orden cósmico y los reinos superiores del ser.
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